A dos semanas de las elecciones presidenciales, sólo se habla de la reforma constitucional. La diputada Elisa Carrió reflotó la tesis de la reelección indefinida de Cristina Fernández, previo retoque de la Constitución de 1994, y sacudió el letargo opositor. Los sectores ultra K avizoramos el deseo de una reforma constitucional porque quisiéramos una Cristina eterna, había dicho la diputada Diana Conti el último día de febrero pasado. Desnudó, prematuramente, un plan de continuidad en el poder, lo que le valió algunos reproches.

Carrió acusó al juez militante Raúl Zaffaroni de predicar un modelo que habilite el proyecto de Cristina eterna, y colocó en una posición incómoda al frente liderado por el socialista Hermes Binner, que también es reformista. La diputada Conti mantiene una estrecha relación con Zaffaroni, a quien se califica de amigo ideológico del Gobierno en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Es una asignatura polémica, con final abierto y con proyección hacia 2012.

En Tucumán, la cuestión se planteó de distinta manera. La idea de la reelección partió del propio oficialismo victorioso el 28 de agosto, cuando no se había bajado la bandera para instalar la consigna Cristina eterna. El ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, y el intendente yerbabuenense, Daniel Toledo, picaron en punta en la maratón reeleccionista de Alperovich, a principios de la semana anterior.

Alperovich tomó la posta. Antes de viajar a Buenos Aires, reclamó que se le dé una chance de cuatro años más en el futuro texto constitucional, para impedir que se diluya la autoridad. Dicho de otro modo, que sus subordinados desconozcan gradualmente su poder y se afecte la capacidad de gobernar. Yo o el caos, sería la decodificación más aproximada del discurso alperovichista. El frenesí proselitista se había apropiado de la maquinaria electoral del PJ.

¿Arrepentimiento?
De regreso de Buenos Aires, viró 180 grados en su postura. No se hará absolutamente nada, remarcó el gobernador, a propósito de los cambios en la Constitución. Eso no está en la agenda de la gente, descubrió súbitamente quien es el motor de la reelección. Es probable que el oráculo del encuestador Hugo Haime le haya sugerido congelar la discusión cuando estaba en Buenos Aires.

Viene la provincia de afrontar algunos hechos de violencia política, como la refriega que enfrentó a partidarios alperovichistas del legislador Armando Cortalezzi con los del concejal Cristian Rodríguez, y la balacera que impactó en la sede de la disidente Cruzada Peronista.

En Tucumán, algunos voces le habían advertido antes de la inconveniencia de someter a debate el proyecto reformista, pero preponderaron otras opiniones del entorno que juegan todas sus fichas a la preservación de sus posiciones en la Legislatura, en las municipalidades y en las comunas rurales.

El trompo de Alperovich giró y descolocó a un nutrido enjambre de seguidores. Procedió con gestos monárquicos: envalentonó a sus fieles y luego los sumió en la incertidumbre. En la primera fila del tendal de heridos figuran al menos 24 legisladores, unos 58 comisionados comunales y todos los intendentes, excepto el ex radical Jorge Yapura Astorga (Tafí del Valle). Yapura Astorga se asoció a Participación Cívica, el partido que fundaron los radicales alperovichistas en 2003.

Esa fuerza encumbró otra vez a Ramón Graneros en la Legislatura, con el aval explícito del gobernador, tras derrotar al peronista Oscar Godoy, aliado del secretario general de Fotia, Roberto Palina, en las elecciones complementarias de Alto Verde.

¿Y si se desdice?
La duda carcome mayormente a los alperovichistas. Si Alperovich archiva el proyecto continuista, espontáneamente surge la indagación por el plan "B". En este caso, según el parecer de algunos entendidos, la candidata natural del espacio oficialista para 2015, no sería otra que la senadora Beatriz Rojkés, cuyo mandato concluirá ese año. La presidenta del PJ tejió pacientemente una red de dirigentes que reconoce su inspiración.

No legaráel poderni a Jaldo ni a Amaya, bisbiseó un hacedor de la política alperovichista. Es un secreto a voces que el ministro del Interior y el intendente de esta capital aspiran a la primera magistratura provincial. La fuente cree a pie juntillas lo que dijo el gobernador en la mañana del viernes, pero el arco antioficialista desconfía de la palabra de Alperovich y supone que es un retroceso temporario.

El gobernador bien puede desdecirse con toda naturalidad cuando advierta que las circunstancias pueden favorecer sus iniciativas. No es un político de manual.

Si el proyecto Cristina eterna prospera, él podría subirse a la ola reeleccionista, o adelantarse a ella. Una versión indica, en este último sentido, que el oficialismo volvería a la carga con un proyecto concreto de habilitación de la reforma constitucional para el 13 de noviembre. Lo votaría, según esa versión, la nueva Legislatura. La elección del 23 condiciona cualquier avance en otro sentido. Por ahora, vale la declaración del viernes que enfría el entusiasmo continuista. No se quiere poner en riesgo el resultado.

Por los votos
La diferencia de votos que separa al caudal conquistado por Alperovich el 28 de agosto respecto del obtenido por Cristina Fernández en las elecciones primarias abiertas del 14 del mismo mes, es de unos 80.000 votos.

Los afiches que asocian ambas figuras tienden a mostrar mayor proximidad entre ambas figuras y a producir una mejora en la intención de voto para la candidata que pelea por su permanencia por otros cuarto años más en la Casa Rosada. De ese modo, el gobernador replica su hegemonía en el oficialismo.

Cualquier suba del piso electoral de Cristina Fernández le sería atribuible al esfuerzo del gobernador. Sin embargo, con suspicacia, alertan que a Alperovich no le disgustaría que se preserve una diferencia en favor suyo, porque demostraría así quién manda en el peronismo local. Reforzaría su condición de jefe territorial.